Lo que entra por el portón
SERIE CULTURA APLICADA A HONDURAS · 1 DE 5
Hace unas semanas publiqué en mis redes “Una historia en 2000 metros”. Había visto en TikTok a gente molesta con un rótulo de límite de velocidad en la carretera CA-5 y con el control de la policía que venía después, convencida de que los habían puesto para sacarles el dinero. Una frase se me quedó pegada: “lo pusieron para cacharlos”.
A la mañana siguiente pasé por el punto exacto donde se había grabado uno de esos videos. En los 2,000 metros anteriores había dos accidentes de tránsito, a unos 800 metros cada uno.
Lo escribí en caliente ese día y lo publiqué tal cual. Hoy quiero ordenar la idea con más calma, porque creo que ahí hay algo que en seguridad casi nunca miramos.
La empresa no contrata gente en blanco
Cuando hablamos de cultura de seguridad, hablamos como si empezara el día en que la persona llega a su puesto: la contratamos, le damos una inducción corta, el reglamento interno y la charla de cinco minutos, y listo, ya la tenemos “formada” en nuestra cultura.
Pero la persona que entra a las 6 de la mañana no llegó de la nada. Llegó manejando, en bus o en moto, por una carretera donde el límite de velocidad se lee como trampa, donde al que frena en el alto le pitan, donde si deja la distancia de seguimiento adecuada se le meten enfrente y donde el que pasa por la derecha llega primero. Llegó de un barrio, de una familia, de una escuela y de un país, y todo eso lo trae puesto, igual que el casco.
Yo le llamo a esto lo que entra por el portón. El guardia no lo revisa, no pasa por el detector y no aparece en la lista de asistencia, pero entra todos los días.
Lo que se normaliza afuera, llega adentro

Piense en lo que aprendemos en la calle sin que nadie nos lo enseñe:
Que la regla existe para que alguien nos multe, no para cuidarnos. Que si nadie está viendo, la regla es opcional. Que el que se adapta y se las arregla es el listo. Que el que se detiene a preguntar está atrasando a todos. Que si no pasó nada, estuvo bien hecho.
Ninguna de esas lecciones se la dimos nosotros y no están en el temario de ninguna capacitación, pero todas llegan a la planta. Después nos sorprende que un operador quite una guarda “solo un ratito”, que un supervisor firme un permiso desde su escritorio sin ir a ver el área, o que nadie reporte el casi-accidente de ayer. No es que la persona sea mala: está aplicando adentro las reglas que aprendió afuera.
Ahora bien, no estoy hablando del hondureño como si fuera otro. Todos manejamos en la CA-5, yo incluido, y la idiosincrasia no es algo que tienen los demás: la tenemos todos.
Entonces, ¿qué hacemos con eso?

Lo primero es dejar de pretender que no existe. Si usted arma su programa de seguridad pensando que la persona llega neutral, como un lienzo en blanco en el que va a escribir procedimientos, va a diseñar reglas para una persona que no existe. Y esas reglas terminan sin cumplirse.
Lo segundo es preguntarse qué cultura de la calle está compitiendo con la suya. Si afuera la regla se lee como trampa, adentro usted tiene que demostrar que no lo es. Eso no se logra con un rótulo; se logra cuando la persona ve que la regla también aplica para el jefe, que tiene una razón que se puede explicar y que alguien la va a escuchar si no se puede cumplir.
Lo tercero va en sentido contrario: lo que la gente aprende en su planta también sale a la calle. El trabajador que aprende adentro que una regla se respeta porque tiene sentido, y no porque lo están viendo, se lleva eso a su casa, a su carro y a sus hijos. Usted no solo recibe lo que entra por el portón; también decide qué sale por ahí. Esa es una de las mejores formas que tenemos de impactar a la sociedad de forma positiva.
Aquí está la idea que quiero dejarle. La cultura de seguridad de su empresa no compite contra la falta de cultura, compite contra otra cultura que ya está instalada, que tiene años de práctica y que se refuerza todos los días camino al trabajo. Si usted no la conoce, no le va a ganar.
En los próximos artículos de esta serie voy a ir sacando, una por una, algunas de esas lecciones de la calle que se nos meten a la planta. Le adelanto la primera: por qué tanta gente lee una norma como una trampa.
Mientras tanto, le dejo una tarea chiquita: mañana, cuando entre por el portón de su empresa, fíjese en lo que usted mismo trae puesto en la mente.








Comentarios