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Mantenga su traductor encendido

hace 2 días
2 min de lectura

Hace años yo preparaba una capacitación para trabajadores de una finca bananera. Quería que la presentación se viera bien: fotos bonitas, tipografías variadas, todo lo que en esos tiempos, sin inteligencia artificial de por medio, se podía hacer en PowerPoint.


El problema es que las fotos las bajé de internet, y las personas en esas fotos no se parecían en nada a las personas que iban a estar sentadas frente a mí: ojos claros, piel muy blanca, cabello rubio.


Jesús presenta una lámina con un trabajador rubio de otro país; los trabajadores bananeros no se reconocen en ella

Don Leonardo Murillo, mi primer maestro en esto, me lo dijo sin rodeos: "las personas que están trabajando banano no se van a identificar con una persona de cabello rubio." Y me hizo tal clic que me lo he traído por toda mi carrera: no importa qué tan bonita se vea la lámina si la persona que la ve no se reconoce en ella. ¿Qué quiero enseñarle? ¿Y cómo logro que le haga clic a ella, no a mí?



Pero esto no se queda en las diapositivas. Le cuento otra.


Hace algunos años compré botas de seguridad nuevas para un equipo de mantenimiento, unas 15 o 20 personas. Vi los zapatos, cumplían la norma, protegían, y en papel todo se miraba perfecto. Llegaron las botas, se las entregamos, y a los pocos días me buscaron:


"Christian, estos burros no nos gustan."


Técnicos de mantenimiento reclaman por unas botas de seguridad nuevas e incómodas; Jesús escucha

Eran incomodísimos. Y el reclamo era tan parejo, de todos, que no había forma de hacerme el que no oía.


Me tocó ir con mi gerente a decirle que me había equivocado: si las botas no son cómodas, no las van a usar; si no las usan, exponemos a la gente. Había que cambiarlas.



Y lo entendió.


Jesús le habla al técnico de cómo lo protege el equipo y a la gerencia de qué le hace a la operación

¿Ya me sigue? Ahí está la idea que le quiero dejar. Al técnico de mantenimiento no le importa cuánto costó el equipo, ni si cumple la norma en el papel: le importa cómo lo protege a él, en su día. A la gerencia sí le interesa el papel, pero necesita saber qué le hace o qué le cuesta a la operación.


Hablarle a uno con el idioma del otro es hablarle en alto valyrio a los dos.


Si queremos que la seguridad influya de verdad -en el piso, en la gerencia, en el salón de entrenamientos: hay que tener el traductor encendido.

 
 
 

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